martes, 28 de octubre de 2008

Anarquistas. Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)



Anarquistas. Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 1 de 9.

El anarquismo argentino desde sus orígenes hasta la Semana Trágica (1880-1919)
Director: Leonardo Fernández
Participan: Jacobo "Macizo" Maguid, Vicente Francomano y Jesús Gil, entre otros.

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Beto



Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 2 de 9.


Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 3 de 9.


Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 4 de 9.


Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 5 de 9.


Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 6 de 9.


Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 7 de 9.


Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 8 de 9.


Parte 1. Hijos del Pueblo (2003)- 9 de 9.

EL ANARQUISMO EN AMÉRICA LATINA


EL ANARQUISMO EN AMERICA LATINA (Prólogo y Cronología: Angel J. Cappelletti; Selección y Notas: Carlos M. Rama y A. Cappelletti),
Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1990. Prólogo: CCXVIII páginas. Selección de textos, cronología e índice: 490 páginas. (Breve extracto, aprobado por el autor, del Prólogo arriba mencionado, Op. Cit., pp X-XIII)

... El anarquismo tiene en América Latina una amplia historia, rica en luchas pacíficas y violentas, en manifestaciones de heroísmo individual y colectivo, en esfuerzos organizativos, en propaganda oral, escrita y práctica, en obras literarias, en experimentos teatrales, pedagógicos, cooperativos, comunitarios, etc. Esta historia nunca ha sido escrita en su totalidad, aunque existen algunos buenos estudios parciales. Más aún, quienes escriben la historia social, política, cultural, literaria, filosófica, etc., del subcontinente suelen pasar por alto o minimizar la importancia del movimiento anarquista. Hay en ello tanto ignorancia como mala fe.
Algunos historiadores desconocen los hechos o consideran al anarquismo como ideología marginal absolutamente minoritaria y desdeñable. Otros, por el contrario, saben lo que el anarquismo significa en al historia de las ideas socialistas y comprenden bien su actitud frente al marxismo, pero precisamente por eso se esfuerzan en olvidarlo o desvalorizarlo como fruto de inmadurez revolucionaria, utopismo abstracto, rebeldía artesanal y pequeño burguesa, etc.
... Como todo pensamiento originado en Europa, la ideología anarquista fue para América Latina un producto importado. Sólo que las ideas no son meros productos sino más bien organismos y, como tales, deben adaptarse al nuevo medio y, al hacerlo, cambiar en mayor o menor medida. Decir que el anarquismo fue traído a estas playas por emigrantes europeos es casi acotar lo obvio. Interpretar el hecho como signo de su minusvalía, parece más bien muestra de estupidez. (La idea misma de "patria" y la ideología nacionalista nos han llegado de Europa).
Pero el anarquismo no fue sólo la ideología de masas obreras y campesinas paupérrimas que, arribadas al nuevo continente, se sintieron defraudadas en su esperanza de una vida mejor y vieron cambiar la opresión de las antiguas monarquías por la no menos pesada de las nuevas oligarquías republicanas. Fue muy pronto el modo de ver el mundo y la sociedad que adoptaron también masas autóctonas y aún indígenas, desde México (con Zalacosta en Chalco) hasta la Argentina (con Facón Grande en la Patagonia). Muy pocas veces se ha hecho notar que la doctrina anarquista del colectivismo autogestionario, aplicada a la cuestión agraria, coincidía de hecho con el antiguo modo de organización y de vida de los indígenas de México y Perú, anterior no solo al imperialismo español sino también al imperialismo de los aztecas y de los incas. En la medida en que los anarquistas lograron llegar hasta los indígenas, no tuvieron que inculcarles ideologías exóticas, sino sólo tornar conscientes las ideologías campesinas del "calpull" y del "ayllu".
Por otra parte, en la población criolla se había arraigado muchas veces una tendencia a la libertad y un desapego por todas las formas de la estructura estatal que, cuando no eran canalizadas por las vías del caudillaje feudal, eran tierra fértil para una ideología libertaria. Casi nunca se menciona la existencia (en Argentina y Uruguay) de un "gauchaje" anarquista, que tenía su expresión literaria en los payadores libertarios. Pero aún prescindiendo de estos fenómenos, que serán considerados sin duda poco significativos por los historiadores académicos y marxistas, puede decirse sin lugar a dudas que el anarquismo echó raíces entre los obreros autóctonos mucho más profunda y extensamente que el marxismo (con la sola excepción, tal vez, de Chile).
Aún cuando, desde un punto de vista teórico, el movimiento latinoamericano no haya contribuido con aportes fundamentales al pensamiento anarquista, puede decirse que desde el punto de vista de la organización y de la praxis produjo formas desconocidas en Europa. Así, la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) fue ejemplo de una central que, siendo mayoritaria (hasta llegar a constituirse, de hecho, en cierto momento, en central única), no hizo jamás ninguna concesión a la burocracia sindical, al mismo tiempo que adoptaba una organización diferente tanto de la CNT y demás centrales anarcosindicalistas europeas como de la IWW norteamericana. Otro ejemplo, típicamente latinoamericano, es la existencia del Partido Liberal Mexicano, el cual pocos años después de su fundación adoptó una ideología que, sin ninguna duda, era anarquista (por obra, sobre todo, de Ricardo Flores Magón) y que, sin embargo, conservó su nombre y siguió presentándose como partido político (lo que le valió duras críticas de algunos ortodoxos europeos como Jean Grave).
De todas maneras, si se exceptúa este caso singular, puede decirse que en América Latina el anarquismo fue casi siempre anarcosindicalismo y estuvo esencialmente vinculado a organizaciones obreras y campesinas. Hubo, sin duda, algunos anarcoindividualistas en Argentina, Uruguay, Panamá, etc., y también algunos anarco-comunistas enemigos de la organización sindical (en Buenos Aires, durante las décadas de 1880 y 1890), pero la inmensa mayoría de los anarquistas latinoamericanos fueron partidarios de un sindicalismo revolucionario y antipolítico (no, como suele decirse equivocadamente, a- político)...
Por otra parte, el anarquismo presenta también algunos rasgos diferenciales en los diferentes países de América Latina. En Argentina ha sido, con la FORA, más radical, hasta el punto de ser considerado extremista por la CNT española. En Uruguay ha sido mas pacífico, como ya señalaba Nettlau, tal vez porque menos perseguido (excepto durante la última dictadura). En México ha tenido significación en el gobierno, no sólo por la participación del magonismo en la revolución contra Porfirio Díaz, sino también porque la Casa del Obrero Mundial brindó a Carranza sus "batallones rojos" en la lucha contra Villa y Zapata y porque los dirigentes de la CGT polemizaron con el propio presidente Obregón. En Brasil, por el contrario, estuvo siempre al margen de toda instancia estatal, y la república militar-oligárquica nunca lo tomó en cuenta sino para perseguir, desterrar o asesinar a sus militantes. Fenómeno típico de ciertos países latinoamericanos, entre 1918 y 1923, fue el anarco-bolchevismo. En Argentina, Uruguay, Brasil y México sobre todo, al producirse en Rusia la revolución bolchevique, muchos anarquistas se declararon partidarios de Lenin y anunciaron su incondicional apoyo al gobierno soviético, pero no por eso dejaron de considerarse anarquistas. Esta corriente desapareció con la muerte de Lenin, pues quienes decidieron seguir a Stalin ya no se atrevían sin duda a llamarse "anarquistas".
En todos los países del área el anarquismo produjo, además de una vasta propaganda periodística y copiosa bibliografía ideológica, muchos poetas y escritores que, con frecuencia, fueron figuras de primera línea en las respectivas literaturas nacionales. No en todas partes, sin embargo, fueron igualmente numerosos y significativos. En Argentina y Uruguay puede decirse que la mayoría de los escritores que publicaron entre 1890 y 1920 fueron, en algún momento y medida, anarquistas. En Brasil y Chile hubo asimismo, durante ese período, no pocos literatos ácratas, aunque no tantos como en el Río de la Plata. En Colombia, Venezuela, Puerto Rico, etc., si bien no floreció una literatura propiamente anarquista, la influencia de la ideología libertaria se dio más entre literatos y poetas que en el movimiento obrero. Es importante hacer notar, sin embargo, que aún allí donde literatura y anarquismo fueron casi sinónimos, como en el Río de la Plata (en el período mencionado), los intelectuales anarquistas nunca desempeñaron el papel de élite o vanguardia revolucionaria y nunca tuvieron nada que ver con la universidad y con la cultura oficial. En esto el anarquismo se diferencia profundamente del marxismo.
La decadencia del movimiento anarquista latinoamericano (que no comporta, sin embargo, su total desaparición) se puede atribuir a tres causas: 1) Una serie de golpes de Estado, más o menos fascistoides, que se producen alrededor de 1930 (Uriburu en Argentina, Vargas en Brasil, Terra en Uruguay, etc.); todos caracterizados por una represión general contra el movimiento obrero, los grupos de izquierda y los anarquistas en especial. En ciertos casos (Argentina) llegan a desarticular enteramente la estructura organizativa y propagandística de las federaciones obreras anarcosindicalistas. 2) La fundación de los partidos comunistas (bolcheviques). El apoyo de la Unión Soviética y de los partidos afines europeos les confieren una fuerza de la que carecen las organizaciones anarquistas, sin más recursos materiales que las cotizaciones de sus propios militantes. En algunos países más (Brasil), en otros menos (Argentina), hay anarquistas que se pasan al partido comunista. 3) La aparición de corrientes nacionalistas-populistas (más o menos vinculadas con las fuerzas armadas e inclusive, a veces, con los promotores de golpes fascistoides).
La particular situación de dependencia en que se encuentran los países latinoamericanos ante el imperialismo europeo y, sobre todo, norteamericano, deriva la lucha de clases hacia las luchas de "liberación nacional". Los trabajadores visualizan la explotación de que son objeto como imposición de potencias extranjeras. La burguesía (nacional y extranjera) vinculada a ciertos sectores del ejército y la iglesia católica, los convence de que el enemigo no es ya el Capital y el Estado, sino sólo el Capital y el Estado extranjeros. Esta convicción (hábilmente inducida) es, en realidad, la causa principal de la decadencia del anarquismo. Todo lo demás, inclusive las dificultades intrínsecas que afectan a una organización anarquista en el mundo actual (como la necesidad de hacer funcionar sindicatos sin burocracia y la real o aparente inviabilidad de sus propuestas concretas) es secundario.

ANGEL J. CAPPELLETTI

Beto

lunes, 27 de octubre de 2008

HobbesNoTeniaRazón

COORDINADORA PRO HUMANIZACION DEL LOBO HOBESSIANO
Porque consideramos que el hecho de que el hombre sea lobo del hombre, no esta en la naturaleza humana sino en el desarrollo que hemos trazado como humanidad...
Porque creemos que en el punto de inicio de cada vida las posibilidades son infinitas, y es la cultura que creamos la que nos va moldeando...
Y porque pensamos que el cambio no lo va a hacer ninguna autoridad ni plan de seguridad social, sino nosotrxs mismxs dia a dia...
Proponemos:
-recrear en lo cotidiano rasgos de humanidad (empatizar con lo que le pasa a otra/o ayuda a comprenderla/o)
-apelar al ejercicio diario de los valores fundamentales para la viabilidad de la vida, y no quedarnos en la declamación
- considerar que cada uno es lo que puede.
-dejar en suspenso el jucio acusador y mirar la trastienda de cada vida.
-pensar que la criminalidad es consecuencia de seres que han sido previamente vulnerados.
-ver que la locura es producto del gran dolor que provocamos como entorno social en alguien.
-ver que la guerra o batalla campal no repara ni es via para la reconstruccion de las personas,el aislamiento carcelario o manicomial tampoco
-dejar el individualismo, la suspicacia y la mezquindad, y arremangarse y poner manos a la obra entre todos.
-mirar la dureza que hay hoy en los ojos de lxs niñxs, tomarlo como desafio y volver a encender en ellxs y nosotrxs la chispa del juego y la vida.
-somos bichos gregarios...y estamos atacando la posibilidad de contar con nuestros pares.
-la autodestruccion como individuos y como hunamidad se contrapone a la creciente ola de nacimientos ( los grupos sociales mas vulnerados en sus necesidades psicobiosociales basicas son los que mas hijos tienen).
-si hay salida es colectiva y solidaria.
Hoy las escuelas para trastorno emocional severo ven desbordada su capacidad por un aumento en el 80% de la matricula en lo que va del año
Las derivaciones son de niñxs cada vez mas pequeñxs
No hay adultos que puedan contenerlos y amarlos, sufren violencia dentro de la casa y dentro del sistema
Sus progenitores tambien fueron violentados
Los "casos" sociales que se convierten en psiquiatrico policiales y no tienen capacidad de retorno, van en aumento, no son producto de la genetica sino de lo que construimos como sociedad
Cuando decimos a nuestrxs niñxs "devolvele, pegale, tenes que ganar como sea, etc." estamos generando esos "casos".
Niñxs y mujeres violadas,golpeadas y ultrajadas,fisica y emocionalmente, por quienes son su "familia",dan cuenta de la salud poblacional que tenemos hoy.
Vidas arruinadas por quienes se supone son proveedores de afecto y cuidado, no por el/la desconocido/a.
Revertir esto, reiteramos esta en nuestras actitudes diarias, apelamos al sentido de corresponsabilidad social.

Parrhesia Nro. 2


Parrhesia

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Publicación Anarquista Bahiense nro2


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sábado, 25 de octubre de 2008

BAJAR LA EDAD DE IMPUTABILIDAD


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¿BAJAR LA EDAD DE IMPUTABILIDAD?
Dolor país, todxs tus criminales fueron niñxs vulneradxs!
¿Hasta cuando permaneceremos ciegos frente a la realidad de que este sistema de opresión y control no funciona?
Quienes te arrebatan la vida carecen de ella porque es un bien que les ha sido negado desde pequeñxs, es para ellxs, un nacer para padecer.
Su sueño inquieto, perturbado por los gritos y las palizas, por la indiferencia de aquellxs a lxs que llaman seres humanos, y su mirada burlona y discriminadora, es la bala que anidara en tu pecho, que te madrugara en tu propia cama.
Su pobreza es tu miseria humana, ellxs no conocen el valor de la vida porque sus vidas no han sido valoradas.
Tus luces son su sombra, y en ella acechan tus fantasmas.
No alcanzan policías ni encierros para asegurar tu morada.
Leer la realidad con los ojos de la historia:
El modelo de castigo a lxs desajustadxs constuituyó un ejemplo tanto para los internxs mas revoltosxs como para la comunidad en su conjunto. El proceso de disciplinamiento de la sociedad se produjo en base a la preeminencia del paradigma médico-biológico, que construyó el modelo paralelista de la Sociedad/ Organismo, en el cual el/la desajustado/a y el/la inadaptado/a, el/la loco/a y el/la criminal, serán sus virus, cuya anormalidad será difícil de curar. No habrá más antídoto que su disciplinamiento, en la terapia intensiva del encierro. La infracción y la enfermedad son vistos como hechos aberrantes a sancionar.
La siguiente manera de componer la causalidad de los hechos crea el efecto de sanción culpabilizadora:
*a-socialidad: del hecho aberrante (ausencia del sentido de corresponsabilidad social en el fenómeno sancionado o estigmatizado).
*a-historicidad: de la cadena de hechos que desembocan en ese hecho (falta de autocritica en la producción histórica de los fenómenos que ocurren a y en una comunidad).
La deshumanización de las costumbres se acompaña de indiferencia sistemática por el bombardeo amarillista y anestésico de los medios de comunicación sobre una realidad dolorosa- horrorosa escotomizada según los intereses de los televidentes.
“El que esté libre de infracción, el que no sea vulnerable a perturbar el Orden establecido, el que esté dispuesto a pasar por las instituciones que esta sociedad prevee para sus infractores, que condene…”.
No existe peligrosidad en las personas si antes no han sido vulnerables. La situación de vulnerabilidad se juzga predominantemente frente a lo social. La vulnerabilidad psicosocial es el grado de fragilidad psíquica que la persona tiene por haber sido desatendida en sus necesidades básicas: afectivas, económicas, salud, dignidad, tiempo de dedicación,etc., que la coloca frente a las instancias punitivo represivas del control social formal e informal.
Ni la Ley que castiga lo que su mismo sistema genera, ni lxs voluntariosxs que intentan “hacer algo”, preguntan a las personas vulnerabilizadas qué quieren o necesitan. En general se “hace sobre el otro”, se impone.
Los institutos reformatorios y los lugares de encierro son necesidad no del niño/a –adolescente sino de la sociedad que pretende ocultar lo que produce… lo que producimos.
A esos espacios de terror, a esos infiernos en la tierra ingresan niñxs y salen hombres/mujeres, mas apaleadxs, más dolidxs, más acorazadxs, habiendo padecido más injusticias. Con violencia y desamor no es posible ninguna solución.
-agradezco lo aprendido de J।C.D. Lostaló sobre vulnerabilidad, de quien he tomado parte del texto.

Lucrecia

Corto de M. Baker: Sociedad, Ley y el poder constituido

The Village (El Pueblo) 14 mins. Mark Baker (1993)

Además del poder de dominación (coercitivo) hay, entre otras cosas, un poder de constitución que es tanto o aún más temible. Ejercer una dominación sobre el sujeto humano ya constituido es ejercer menos poder que ser capaz de constituirlo (...funcional al centro de poder). No ver esto quiere decir que se considera  que quien tiene el poder de encarcelar  a alguien es más potente que quien es capaz de conseguir que alguien tenga el incontenible deseo de ser encarcelado, porque así ha sido constituido. 
(Extraído de "Actualidad y Anarquismo" pag. 100 - Tomás Ibáñez - Ed. Utopía Libertaria)


Beto

viernes, 24 de octubre de 2008

CRIANZA LIBERTARIA



1
PONER LIMITES O INFORMAR DE LOS LIMITES
El amor después de la etapa primal.
Cuando se cambian las órdenes
por la información y la complacencia
Casilda Rodrigáñez Bustos
La Mimosa, noviembre 2005
(Texto inédito)
Hace poco me llamó la atención el título de una charla; era
algo así como: “Poner límites, cuándo, cómo y por qué”;
estaba referido claro está a los límites que se supone que
las madres y los padres debemos poner a las criaturas.
Este sin duda es uno de los dilemas más peliagudos con el
que nos encontramos todas y todos los que queremos criar y
socializar a las criaturas que hemos parido para que sean
felices, y no para que le rindan servidumbre a nadie; y con
el deseo y la firme voluntad de ser amantes complacientes y
no dictadores o dictadoras autoritarias
----------------------------------------------------------- PONER LIMITES O INFORMAR DE LOS LIMITES
El amor después de la etapa primal.
Cuando se cambian las órdenes
por la información y la complacencia
1
Poner límites o informar de los límites
Hace poco me llamó la atención el título de una charla; era
algo así como: “Poner límites, cuándo, cómo y por qué”;
estaba referido claro está a los límites que se supone que
las madres y los padres debemos poner a las criaturas.
Este sin duda es uno de los dilemas más peliagudos con el
que nos encontramos todas y todos los que queremos criar y
socializar a las criaturas que hemos parido para que sean
felices, y no para que le rindan servidumbre a nadie; y con
el deseo y la firme voluntad de ser amantes complacientes y
no dictadores o dictadoras autoritarias
2
En mi caso, la respuesta la encontré en el libro de
Françoise Dolto, La cause des enfants (1). En este libro
Françoise Dolto analiza el trato habitual que las madres y
padres dan a sus criaturas cuando empiezan a ser autónomas,
y que, salvo excepciones, consiste en darles órdenes sobre
todos los aspectos de su vida cotidiana
En esta actitud adulta hay dos aspectos importantes:
Uno es la subestimación de las capacidades (intelectuales,
motrices, etc.) de las criaturas.
Según Dolto, las madres y los padres subestiman las
capacidades y cualidades (inteligencia, sensibilidad,
capacidad de discernimiento, sentido común,
responsabilidad, instinto de supervivencia y sentido del
cuidado de sí mismas, capacidad de iniciativa, etc.) de las
criaturas en general, y las tratan como si fueran
incapaces por sí mismas de sentir, de pensar, de evaluar
las circunstancias de una situación dada, o de tomar la más
mínima decisión.
Por lo general, en sociedades menos patriarcalizadas o por
lo menos, menos occidentalizadas, podemos observar que la
infancia es más libre, y goza de un mayor reconocimiento y
confianza en cuanto a su inteligencia y capacidades. Sin ir
más lejos recordemos lo que decía Liedloff (2) sobre los
Yequona.
Por su parte Dolto dice que el reconocimiento de las
capacidades efectivas de las criaturas nos llevaría a
darles una información respetuosa, confiando en su
capacidad de discernimiento, por lo menos en una gran
medida, en lugar de darles sistemáticamente órdenes.
La diferencia entre dar INFORMACIÓN y dar ORDENES es
crucial; Dolto pone un ejemplo que me parece muy
ilustrativo: a un japonés que aterrizara en nuestra ciudad
no le daríamos órdenes de lo que debe hacer, visitar, etc.
sino que le daríamos la información necesaria para que se
pudiera desenvolver por la ciudad (cómo funcionan los
transportes públicos, los sitios donde dan de comer mejor y
más barato, etc.), o sobre las cosas interesantes que
podría visitar, etc. ¿Por qué no tenemos la misma actitud
con las criaturas que con el visitante extranjero?
Para contestar a la pregunta, hay que tener en cuenta el
segundo aspecto al que me he referido antes: la prepotencia
adulta.
3
Porque en la actitud ante el visitante extranjero, además
de reconocimiento de su capacidad de discernimiento, de
movilidad, etc. hay también un reconocimiento de su
integridad como persona, con sus gustos, sus apetencias,
sus prioridades, incluso su escala de valores... en otras
palabras, no sólo hay reconocimiento de su inteligencia y
capacidades, sino también consideración y respeto hacia lo
que quiere; tal es la actitud que corresponde a una
relación respetuosa con nuestros semejantes, de igual a
igual.
La actitud con las criaturas es diferente no sólo porque
como hemos dicho antes, subestimamos sus capacidades, sino
también porque tenemos inconscientemente interiorizado que
estamos por encima de ellas, que somos sus superiores y
ellas son nuestras subordinadas.
Somos prepotentes con la infancia, en el sentido literal de
la palabra: pre-potentes, tenemos el Poder previo, un Poder
fáctico –el dinero, los medios- sobre todas sus actividades
cotidianas; y podemos obligarlas por las buenas o por la
malas, para que hagan cada día las cosas con las
prioridades y de la manera que unilateralmente decidimos.
Conviene recordar que nuestro modelo de hombre o mujer
adulta incluye la jerarquización social que caracteriza a
nuestra civilización, uno de cuyos pilares es la
superioridad adulta. Aristóteles, en el siglo V a.c. decía
ya:
Para hacer grandes cosas, es preciso ser tan superior a sus
semejantes como lo es el hombre a la mujer, el padre a los
hijos, el señor a los esclavos. (3)
La práctica adulta de mandar sobre las criaturas es tan
vieja como el Patriarcado mismo; no voy a detenerme aquí ni
a referir los múltiples párrafos que la Biblia dedica a
este aspecto, como cimiento que es de la civilización
judeo-cristiana; pero creo que es preciso señalarlo para
entender por qué lo tenemos tan sumamente interiorizado. Y
lo difícil que es sustraerse a él.
Debido a esta interiorización, todos los días sin darnos
cuenta, le damos cuerda a estas supuestas incapacidades de
l@s niñ@s que justifican nuestra superioridad, y no somos
capaces de romper el círculo vicioso y la dinámica social,
ni nos planteamos otra posible relación con ell@s; no se
nos ocurre tratarlas como al japonés del ejemplo: como
seres humanos a los que hay que ayudar a conocer el
funcionamiento del mundo en el que han aterrizado.
4
Por eso a l@s niñ@s, por lo general, no se les informa de
los pormenores de la economía familiar, de las obligaciones
y dificultades de las personas adultas –“no son cosas de
niños”, se dice-, y de las limitaciones de todo tipo a las
que estamos sujetas. Y por lo mismo, ni se nos ocurre
ponernos a analizar conjuntamente las posibilidades de
ampliar esos límites, movidas por el afán de complacerles
en sus deseos.
2
La implicación emocional que acompaña las dos actitudes
Porque no se trata de ignorar los limites, sino de la
forma de abordarlos; o mejor dicho, la relación desde la
que se abordan, y por lo tanto, si se abordan
unilateralmente, desde la distancia emocional, o si se
abordan conjuntamente, desde el deseo de complacencia y de
bienestar inmediato. Es decir, la implicación emocional
ante ellos.
Pues está tan arraigada la norma social autoritaria de
relación con la infancia, que incluso las madres que han
tratado de respetar la etapa primal de sus criaturas y las
han dado el pecho a demanda, complaciendo sus deseos, a
menudo cambian la actitud de complacencia cuando la
criatura empieza a andar y a ser autónoma.
Parece como si la complacencia ya no fuera posible; se
argumenta a menudo que la criatura al andar sola se puede
dar golpes, se puede caer, meter los dedos en los enchufes,
romper los ceniceros de porcelana, etc.etc. Luego crecen
más y quieren salir a la calle cuando toca comer, o comer
cuando toca salir a la calle, etc.
Así parece inevitable la autoridad. El decir ‘no’ a los
deseos de las criaturas.
Dice Dolto que los supuestos peligros que amenazan el
movimiento propio de las criaturas, forma parte de un
sistema que se retroalimenta. Porque desde el momento en
que en lugar de darles una explicación interponemos un
‘no’, estamos impidiendo el aprendizaje del entorno, y es
este desconocimiento del entorno, como dice Dolto, lo que
le vuelve peligroso.
L@s adult@s que han entrado sin darse cuenta en esta
dinámica, aunque a menudo se encuentren en medio de una
gran contradicción entre su deseo de complacencia y las
5
obligaciones de la vida cotidiana, no ven manera de
resolverla más que por la vía autoritaria. Ciertamente
resulta difícil desactivar el mecanismo de esta vía, puesto
que la propia dinámica autoritaria, al impedir el proceso
de autonomización y de aprendizaje, genera su propia
autojustificación.
Sin embargo, las criaturas están perfectamente capacitadas
para aprender a moverse en su entorno sin riesgo; y como es
la actitud autoritaria lo que bloquea el desenvolvimiento
natural de sus capacidades, cuanto antes se cambie de
actitud, antes y mejor aprenderá a moverse de forma
autónoma en su medio y a hacerse responsable de sus
circunstancias.
Más adelante nos detendremos en cómo la actitud autoritaria
afecta al aprendizaje; ahora sólo lo menciono para entender
la trampa del desamor en la que caemos las madres, que nos
incapacita para mantener el amor incondicional. Del mismo
modo que los riesgos del parto se han convertido en la
justificación de una innecesaria medicalización, ocultando
la usurpación de la función femenina que hay detrás de
dicha medicalización, del mismo modo digo, las supuestas
incapacidades y desconocimientos de las criaturas
justifican la inercia del comportamiento adulto autoritario
y la desaparición del amor complaciente, al tiempo que
ocultan las verdaderas cualidades de las criaturas.
Y al igual que la medicalización innecesaria del parto
produce la quiebra de su autorregulación fisiológica y
acarrea nuevos riesgos, la dinámica autoritaria también al
quebrar su desarrollo anímico (capacidad de amar,
sexualidad, proceso de autonomización y aprendizaje, etc),
acarrea más y más dificultades y, en definitiva, la
incapacidad de la criatura para desenvolverse en su medio.
En cualquier caso, en mi opinión, siempre es posible
mantener el amor complaciente después de la etapa primal.
Porque el amor complaciente es un hecho totalmente
independiente de los límites que haya, por muy desgraciados
que éstos sean. Son dos cuestiones de diferente condición.
Es algo muy simple; se trata de que, ante cualquier límite
que se oponga a los deseos de nuestra criatura, nos
situemos incondicionalmente del lado de sus deseos; y en
lugar de considerarlos meros caprichos improcedentes, los
analicemos honesta y sinceramente con ella, junto con todos
los factores que intervienen en la situación, para después
tomar una decisión conjuntamente.
6
Se trata desde luego de hacer una valoración de la
viabilidad técnica de los deseos de las criaturas, pero
también de hacerla desde el punto de vista de su proceso
anímico, valorando sus deseos, no como caprichos
arbitrarios, sino como producto de su vitalidad y en tanto
que pulsiones vitales que animan su desarrollo
psicosomático, emocional y de aprendizaje; y además de
hacerlo con el respeto y la responsabilidad de la
protección que le debemos a ese desarrollo, a esa criatura
humana que no es mi inferior ni mi subordinada, sino que es
mi semejante y socialmente mi igual. Porque el que yo
pueda decidir, el que yo pueda obligarla, es una realidad
de orden secundario, es un asunto del Código Civil, del
Contrato Social, de una Ley que me otorga una posición de
superioridad; pero no es la verdad primaria y fundamental;
en realidad, no es más que una mascarada para organizar la
función de este Gran Teatro del Mundo. Para nada somos
superiores a ellas, y quien lo crea, quien crea que es
verdad, sufre una tremenda equivocación. Nuestra función de
madres es propiciar y proteger su desarrollo, puesto que
las hemos parido, no manejarlas como una propiedad.
Aunque no nos demos cuenta, esta relación con nuestras
criaturas también nos desquicia tanto a los hombres como a
las mujeres. Como dice Isabel ALER (4), la reproducción de
relaciones filiales patológicas nos parte el corazón, es
una, quizá la más grave, de nuestras co-razones rotas.
Si analizamos con un poco detenimiento lo que significa
situarnos sin más del lado de los límites, ordenándolas
directamente lo que tienen que hacer, como normalmente
suele hacerse, nos daremos cuenta que ahí hay encubierta
una gran falta de empatía amorosa, una gran falta de amor
verdadero
Habrá quien diga que a una criatura de dos o tres años no
se le puede explicar nada, que no entiende nada. Esto no
es cierto. La psicología neonatal ha probado ya que
incluso los fetos antes de nacer tienen conciencia, memoria
y recuerdos (5). Esto viene a romper muchas creencias según
las cuales las criaturas humanas antes de nacer y recién
nacidas, ni sienten ni padecen; creencia que permite, por
ejemplo, pinchar el cráneo con una aguja para monitorizar
el feto ante de nacer, sin afectación emocional.
Por otra parte, si la relación con la criatura desde que
empezó a andar, ha consistido en darle órdenes en lugar de
explicaciones, ésta arrastrará un handicap de
desinformación, de dinámica de sumisión y de retraso en el
hábito de asumir iniciativas responsables; porque una
criatura que ha sido tratada respetuosamente y con
7
sinceridad, que se le ha ido informando en cada
circunstancia, desarrolla una gran capacidad de
entendimiento y de iniciativa responsable. Las criaturas
humanas tienen de hecho esa gran capacidad de entendimiento
y de acción, esté más o menos atrofiada o desarrollada,
pero siempre está ahí, y siempre es buen momento para
iniciar un trato diferente con ella basado en el
reconocimiento de esa capacidad y en el respeto a sus
deseos.
Aunque nos parezca que una criatura no entiende, siempre
entiende; por lo menos mucho más de lo que nos creemos; y
lo cierto es que casi siempre subestimamos su capacidad de
comprensión. Creo que casi todas podemos recordar alguna
anécdota en la que alguna criatura nos ha sorprendido ‘por
la cuenta que se daba de tal o cual cosa’, ‘a pesar de lo
pequeña que era’ etc. etc. Yo recuerdo de pequeña que
siempre fingía que no me enteraba ni entendía aquello que
los mayores daban por hecho que era así, para tenerles
complacidos. Lo que nos hace infravalorar la capacidad de
entendimiento de nuestros hijos e hijas es la prepotencia
en la relación con ell@s, prepotencia que llevamos adscrita
a nuestra estructura psíquica.
Así pues, aunque nos parezca que no nos pueden entender,
debemos probar a explicarles la situación conflictiva entre
los deseos y los límites; contémosles lo que hay,
poniéndonos en su lugar y comprendiendo sus deseos,
sintiendo con ellas la frustración, deseando con ellas que
los márgenes para la expansión de los deseos fueran
mayores, haciéndonos cómplices y estudiando las
posibilidades de eludir lo que no se quiere hacer y de
hacer lo que sí se quiere hacer, y poniendo los medios y el
poder que socialmente ostentamos al servicio de sus deseos.
Creo que mucha gente se sorprendería de los resultados.
Y si a pesar de todo tenemos que doblegarnos ante los
límites, sufriremos juntas la represión de nuestros deseos:
porque mi deseo ha seguido, sigue y seguirá siendo la
complacencia del suyo.
Porque de esto es de lo que se trata. De mantener la
producción de la líbido amorosa del proceso de la
maternidad; la sustancia que si no se bloquease trabaría la
fraternidad, el bienestar y el apoyo mutuo. Por eso es tan
importante mantener la complacencia y reflexionar sobre los
deseos de las criaturas.
Tenemos que tener en cuenta que, cuando adoptamos la
actitud de ponernos sin más del lado de los límites, sin
considerar tan siquiera lo que la criatura quiere, porque
8
tenemos las decisiones ya tomadas, sin dar ocasión para
estudiar los márgenes posibles de maniobra, y le vamos
soltando a la criatura un ‘no’ tras otro, la criatura lo
que percibe es que sus deseos no nos importan; se da
cuenta de que ni siquiera han sido contemplados como una
posibilidad real; y de algún modo siente que se está yendo
sistemáticamente en contra de ella, contra sus deseos;
porque a diferencia nuestra, ella todavía sí se identifica
con los deseos que le brotan del cuerpo. Ella todavía no
está socializada del todo, y todavía es capaz de producir,
de reconocer y de identificarse con sus deseos.
Y nosotras, ya desde este mundo, de un plumazo resolvemos
la cuestión, impasiblemente, poniéndoles un ‘no’ tras otro,
como si estuviéramos poniendo una lavadora tras otra.
Porque es lo que nos toca, supuestamente, como madres,
hacer.
¡Qué diferente la perspectiva, si contemplamos sus deseos
como la maravillosa vitalidad de sus maravillosos cuerpos!
Entonces lo que nos costaría es decirles ‘no’, y en cambio
no nos costaría nada ponernos a desbrozar el terreno para
que sus vidas tuvieran la máxima expansión posible.
Sus deseos todavía son el pulso de su vida, lo que alienta
su existencia.
Por eso la negación de los mismos, aunque no nos demos
cuenta, supone una negación de su vida, un cuestionamiento
de su existencia; una existencia y unos deseos que debían
ser incondicionalmente defendidos y protegidos por la madre
y el grupo familiar de la madre.
Aunque no podamos ofrecerles la vuelta al Paraíso, el
‘amaryi’ (6), con la actitud de la información y de la
búsqueda de la complacencia, estaremos demostrando que no
querríamos que estos límites existieran, y la criatura
percibirá el deseo de su madre de cambiar las
circunstancias que se oponen a sus deseos para poder
complacerla.
Ante la evidencia del deseo de complacencia, la criatura no
identificará límites y falta de amor, como en cambio
sucedería si directamente le damos órdenes como si fuéramos
las promotoras de los límites.
Y así la criatura podrá seguir creciendo en el entorno de
empatía y amor incondicional que necesita para el
desarrollo de su propia capacidad de amar.
9
Porque aunque tenga que someterse a los límites y a la
ordenación social, la criatura se sentirá amada
incondicionalmente
Si lo pensamos un poco, la actitud de los amantes en
general es tratar de buscar la mejor manera para vivir en
este mundo, manteniéndose cómplices ante los impedimentos y
los límites, y buscando conjuntamente las mejores opciones
que tienen.
Si hubiera que resumir esta actitud en una palabra, ésta
sería COMPLICIDAD.
Y que no nos quepa la menor duda de que las criaturas se
dan cuenta y sienten que sus deseos no nos importan. Cada
vez que las madres nos ponemos del lado de los límites sin
tener en cuenta sus deseos, les estamos dejando de amar
incondicionalmente, y la criatura lo percibe. Y por eso
reacciona con rabietas, exigiendo las cosas de manera
testaruda, pataleando y armando zapatiestas por cosas
aparentemente insignificantes...
Pero no cogen pataletas por lo que se les ha negado (un
caramelo, el acceso a un objeto...) sino precisamente por
el significado afectivo de la negación rutinaria, que para
ellas no es otro que un menosprecio hacia sus vidas.
Con las pataletas no reclaman el objeto que se les ha
negado; están desesperadas porque no tenemos sus deseos -
sus vidas- en la consideración que se merecen, y en
realidad están reclamando ese amor incondicional que
aprecia y que sí le importa lo que ellas desean.
Y como la socialización de las criaturas es una negación
tras otra de sus deseos, la espiral de la guerra (‘la
guerra que dan l@s niñ@s’) y de las zapatiestas no cesa.
Fijáos que a veces hacemos concesiones, no por respeto,
reconocimiento y empatía con sus deseos, sino para parar la
rabieta. Esto, cuando menos, nos tendría que hacer
reflexionar.
La prueba de que las rabietas no se producen por un
empecinamiento especial por un objeto (empecinamiento que a
menudo se contempla como una característica de la
infancia), la podemos encontrar observando la situación
inversa. Cuando una criatura crece en una relación de tú a
tú con l@s adult@s, está informada de las dificultades de
este mundo, las grandes y las pequeñas y más cotidianas
dificultades de este mundo, que está todos los días
lidiando con ellas para sacar el mejor partido de cada
10
situación; cuando a esa criatura le dices ‘no puedo porque
estoy cansada’, o ‘no lo cojas porque hace falta para otra
cosa’, no organiza ninguna pataleta, ni se pone exigente ni
testaruda. Bien al contrario, demostrará una generosidad,
una comprensión y una complicidad que ya la quisieran
muchos adultos y adultas en sus relaciones. En primer
lugar porque sabe que le estás diciendo la verdad; porque
habitualmente no falseas la realidad ni te inventas
cualquier excusa para cerrarle la boca. En segundo lugar
porque sabe a ciencia cierta que siempre tienes en cuenta
sus deseos, y por lo tanto, cuando hay un ‘no’ no se pone
testaruda y exigente, sino que se muestra abierta a
entender y a aceptar las explicaciones.
El empecinamiento de las criaturas es por el amor
incondicional y complaciente perdido, y por la falta de
respeto que les profesamos; no por los límites a sus
deseos.
Los niños y niñas que crecen sin consideración a sus
deseos, a su impulso vital, sienten una gran soledad; una
soledad que ha sido detectada con mucha frecuencia por
psicólogos y psicólogas. Las cualidades tales como la
confianza y la reciprocidad propias de la capacidad humana
de amar, se lesionan. Porque lo propio del ser humano es
amar y ser amado incondicionalmente. Si esto nos falla, la
supervivencia entonces desarrollará toda la lista de
patologías que conocemos tan bien: celos, afán de
posesión, agresividad, violencia, sadomasoquismo,
depresión, autodestrucción, drogadicción... (aunque sólo
se consideren patológicos los casos graves más, pues
estando este tipo de relación con la infancia normalizada,
también lo están sus consecuencias más inmediatas).
En un reciente artículo (7), una psiquiatra pedía una
investigación y un debate sobre las causas de la
infelicidad infantil. Yo creo que la obra de Alice Miller
(8) sería el mejor punto de partida para este debate. Creo
sinceramente que la soledad y la infelicidad en la infancia
se deben a esta falta de reconocimiento y de empatía con
sus deseos, que en definitiva, es una falta del amor
incondicional que es propio del género humano; con esto
quiero decir que el desarrollo de las criaturas humanas
requeriría de un entorno medioambiental humano de
solidaridad y de empatía incondicionales, medio que hoy
está envenenado por un agente patógeno: las relaciones de
Autoridad y sumisión.
Las y los psicólogos insisten en la falta de comunicación o
diálogo entre padres-madres e hij@s. Y los padres-madres a
menudo se quedan perplej@s porque no entienden por qué
11
falla la comunicación, ya que se ven a sí mism@s plenamente
dedicad@s a sus hij@s. Yo creo efectivamente que es una
falta de comunicación, pero que no es cuantitativa sino
cualitativa; es la manera que tienen de ‘amar’ a sus hij@s:
Por un lado, ‘desean’ racionalmente ‘lo mejor’ para ell@s,
con la mente confundida por los valores competitivos de
nuestra sociedad de consumo, que subordina el bienestar
presente a unos supuestos logros en una futura integración
social. Y por otro, ese ‘amor’ racional está desconectado
de las pulsiones corporales de empatía amorosa y del deseo
de complacencia. Esta corrupción del amor hacia los hij@s
produce la falta de empatía con sus deseos, y permite el
posicionamiento unilateral del lado de los límites y en
contra de la vitalidad de sus hij@s. Esto crea el abismo,
la distancia emocional entre padres-madres e hij@s.
Habría que investigar también en qué medida la familia
nuclear y las familias con pocos hij@s ha propiciado en
buena medida un incremento de la infelicidad infantil,
debido a que ahora l@s niñ@s se pasan muchas horas solos o
en compañía exclusivamente de adult@s. Antes la falta de
complicidad de los adult@s se compensaba con la del grupo
amplio de niñ@s que había en el ámbito familiar. Por eso
ahora hay quizá más soledad en la infancia y más depresión
infantil.
Hay que tratar de entender que los deseos no son caprichos
improcedentes. Los deseos son el principio inmanente de sus
vidas.
Y si los deseos de las criaturas se vuelven caprichos
improcedentes, es porque sus vidas van rebotando contra los
muros y vagando desinformadas por un mundo que desconocen y
del que no saben nada. Cuanto más autoritaria es la vía de
la socialización, más ‘caprichosos’ y ‘egoístas’ se vuelven
los niños y niñas. Como siempre, el sistema que se retroalimenta,
y los expertos (psicología, sociología,
pedagogía) dándole cuerda, tomando las consecuencias del
sistema como lo originario de la vida humana.
El mercado lleno de terapias para subir la autoestima de la
gente, es una punta del iceberg del daño en la capacidad de
amar que nuestro modelo de socialización inflige a las
criaturas.
Es cierto que lo más importante es la etapa primal; la
etapa primal es básica, pero eso no quiere decir que no
cuenta lo que pasa después, a lo largo de toda la infancia,
tanto a favor –para compensar las heridas y las faltas de
la etapa primal- como en contra –para agravarlas.
12
La depresión infantil frecuente en los países occidentales
no pueden explicarse sólo por el daño de la etapa primal,
aunque éste sea el origen del desastre. Sino también por
la distancia y el abismo que la vía autoritaria crea entre
padres-madres e hij@s, y que impide que reciba un apoyo
afectivo de fondo y verdadero, que a su vez podría
compensar y superar el daño de la etapa primal. Con la
corrupción del amor se envenena el medio emocional, la
sustancia necesaria para la vida, y el resultado es como si
se envenenara el aire que respiramos o el agua que bebemos.
Luego nos rasgamos las vestiduras con la creciente
violencia, cada vez a edades más tempranas, de l@s niñ@s (y
también de l@s adult@s), cuando se sabe a ciencia cierta,
es decir, porque se ha probado científicamente (eso que
tanto nos reclaman los medios oficiales) cual es la raíz y
el origen de la violencia.
Dice Michel Odent (9) que la estrategia más certera para
hacer personas agresivas es separarla de su madre de
pequeña, es decir, provocarle la carencia de empatía
amorosa. Otros muchos autores (entre otros, la misma Alice
Miller y el neuropsicólogo J.W Prescott) han explicado y
han hecho estudios para probar esta relación entre la falta
de empatía amorosa y de placer en la infancia y la
violencia adulta (10). Recordemos también que,
históricamente, la aparición de sociedades violentas y
guerreras coincide con la desaparición de las sociedades
maternales y pacíficas del neolítico (11).
La vida tiene una enorme capacidad de recuperación. Pero
el sistema de crianza-educación, tras la devastación
primal, es una sucesión de mecanismos en cadena para
impedir dicha recuperación.
La gravedad de la falta de amor verdadero se entiende
cuando nos damos cuenta de la necesidad absoluta que tiene
la criatura de él. Esta necesidad, que puede compararse
como decía, con la del aire para respirar, o el agua para
beber, es lo que hace que la criatura acabe rechazando sus
propios deseos, porque se lo dicen los que supuestamente le
quieren. Y si la negación de los deseos es la negación de
la propia vida, se entiende la frecuencia de la depresión
infantil en nuestra sociedad.
La actitud autoritaria es una actitud de desamor. El amor y
el ejercicio del Poder sólo se compatibilizan cuando se
sublima el amor, cuando se le arranca de nuestras entrañas
y se le corrompe.
Lo importante es convencerse de que la existencia de los
límites no tiene que hacer cambiar la cualidad de mi amor
13
por la criatura, y que no estamos obligadas a ser
autoritari@s. No tenemos que caer en la trampa de ir por
el camino trazado, de la manera ‘normal’ de criar y educar
a l@s hij@s manteniendo con ell@s una relación de
prepotencia.
La quiebra del amor incondicional (en el caso de que halla
llegado a existir y si es que no se ha quebrado antes)
como decía Amparo Moreno es la transmutación de la relación
de tú a tú entre los amantes, en una relación de autoridad
y sumisión.(12)
Rendir el Poder –que tenemos de facto los padres y las
madres con respecto a las criaturas- para mantener el amor
incondicional y complaciente no es ninguna excentricidad;
es sólo un intento de vivir conforme a la verdad de las
cosas. Pero además, si no fuera por lo tremendamente
trágico que es, diría que lo más gracioso del asunto es que
resulta mucho más ventajoso, en todos los aspectos, también
para nosotr@s. Entre otras cosas, porque las criaturas
vuelven también a ser complacientes contigo; en cuanto
notan la actitud de complacencia, enseguida les brota la
reciprocidad. Como todavía la apisonadora del sistema no ha
terminado de aplastar sus cualidades humanas, mamíferas y
gaiáticas tales como la reciprocidad, la confianza, el
respeto a la propia dignidad y el deseo de mutua
complacencia, éstas se ponen en juego en cuanto encuentran
la cancha libre de Poder. Entonces, l@s niñ@s, en vez de
‘dar guerra’ dan mucha paz y mucha alegría. En vez de ‘dar
trabajo’, te alivian el stress del trabajo alienante de
nuestro mundo. Esto está comprobado. Te dan un amor
impetuoso, fresco, limpio, sincero. Te dan vida, te
revitalizan.
Being happy is what matters most’ (ser feliz es lo que más
importa) decía A.S. Neil (13) fundador de la escuela de
Summerhill, que lleva funcionando más de ochenta años en
Inglaterra. Es un eslogan sencillo y fácil de seguir. Y en
el fondo todas las madres y padres estaríamos de acuerdo
con él. No hemos parido hijos o hijas para que sean
presidentes de multinacionales o generales del Ejército. No
es el éxito social lo que más nos importa, sino que sean lo
más felices posible, siempre, aquí y ahora.
El amor complaciente maternal no tiene por qué desaparecer
con los límites. El amor complaciente es muy paciente para
explicar e informar a sus criaturas de los peligros y de
los límites de este mundo, y se aprestará a mostrarles
trucos para conseguir la máxima satisfacción de los deseos;
y no los borrará nunca de un plumazo, calumniándolos y
14
degradándolos a la categoría de ‘caprichos’, como suele
hacerse.
......
Las madres que se ponen del lado de los límites, también
dicen que quieren a sus hijos e hijas. Pero ese ‘amor’,
como decía, es un amor que, por adaptarse a la norma
social, se ha sublimado y corrompido. Es un ‘amor’ que ha
perdido su condición de ‘entrañable’ para hacerse
compatible con razonamientos que permiten la negación del
bienestar inmediato y los deseos de las criaturas, en aras
de algún supuesto bienestar futuro.
Pero como decía antes, esto es un engaño. Porque al amor
que nace en las entrañas le importa también el futuro
(¡cómo no le iba a importar a una madre entrañable la
felicidad futura de sus hij@s!); este amor sabe, con una
sabiduría intuitiva enseguida confirmada por la razón, que
el futuro, como ahora veremos, depende del desarrollo
presente de las cualidades y de la vitalidad de la
criatura. El futuro desde luego depende de muchas más
cosas, pero sobre todo y antes que nada, depende
precisamente de este desarrollo presente que se niega,
encima en aras del bienestar futuro.
El ‘futuro’ es como lo ‘sobrenatural’. Como no están ni se
ven, se recurre a ellos para justificar el cargarse el
presente y lo natural, porque, claro está, no hay nada ni
presente ni natural que justifiquen su propia devastación.
No es que al dejarnos llevar por el amor que nace de
nuestras entrañas vayamos a ignorar los límites. No es el
‘mimar’ lo que vuelve a las criaturas inadaptadas. El amor
complaciente lo que hace es encarar los límites desde el
respeto a la vida de las criaturas.
....
El cómo nos enfrentamos a la contradicción entre los deseos
y los límites (si nos ponemos del lado de los límites y
aplastamos sin más los deseos que se interpongan, o si nos
ponemos del lado de la criatura y de sus deseos para ver
conjuntamente con ella cómo conseguir el mejor margen de
felicidad y bienestar inmediatos), tiene una gran
importancia en la relación entre madre-padre y criatura, y
va a ser determinante en el desarrollo de la capacidad de
amar de la criatura...
Lo mismo que está normalizado que los bebés lloren, y eso
hace que a mucha gente ni se le ocurra pensar que a lo
mejor no tienen por qué llorar, también está normalizado –e
15
interiorizado en nosotras- que los niños y niñas tienen
que hacer las cosas porque se les manda, que eso es lo
mejor para ellas, y por eso tampoco se nos ocurre pensar
que se podrían hacer las cosas de otro modo. No tenemos
más modelo de relación con la infancia que el autoritario.
Tan normalizada está la obediencia de la criatura, la
subordinación de sus deseos a las órdenes, que muy rara vez
surge algún chispazo que la cuestiona.
Y sin embargo no deja de ser una incongruencia que mientras
que la felicidad y la satisfacción de los deseos de la
criatura durante la etapa primal nos complace, en cambio
cuando empiezan a ser autónomas, lo que nos complace es que
nos obedezcan sin rechistar.
¿Qué ha cambiado para que cambie la cualidad de mi amor?
Lo que hace que cambie la cualidad del amor maternal es la
convergencia de las normas establecidas imperantes, con la
dinámica de la personalidad adulta masculina o femenina, –
el ego- que se realiza, como decía Aristóteles, teniendo a
alguien por debajo de ti que te obedezca.
Para la criatura lo más importante, más importante que sus
deseos se satisfagan o no, es que el amor incondicional se
mantenga, que persista la sustancia emocional necesaria
para su desarrollo. Su felicidad, la expansión y desarrollo
armónico de sus cualidades psicosomáticas, incluida su
capacidad de amar, dependen de que la amemos
incondicionalmente, de que reconozcamos y respetemos sus
deseos, y que deseemos sinceramente complacerlos.
Otra idea sencilla para ayudar al mantenimiento del amor
incondicional y a no caer en la dinámica autoritaria, es
seguir a rajatabla el principio de no mentir; de no decir a
nuestr@s hij@s ni una sola mentira, ni piadosa ni no
piadosa. Practicar la absoluta transparencia y sinceridad.
El ejercicio del Poder siempre siempre requiere de la
mentira; por eso si nos proponemos firmemente no mentirlas
jamás, nos estaremos poniendo un serio obstáculo a nosotr@s
mism@s para la actitud autoritaria.
3
Algunas otras consecuencias
16
Decía Albert Camus: La vrai générosité vers l’avenir, c’est
de tout donner au present (14) –“la verdadera generosidad
hacia el porvenir, es darlo todo al presente”-, y esto es
más verdad en la infancia que en ningún otro momento de la
vida. Porque la criatura que ha tenido una etapa primal
complaciente y respetuosa y que también ha tenido una
infancia complaciente y respetuosa, habrá desarrollado
saludablemente tanto su capacidad de amar (del que depende
el grado de bienestar y de felicidad), como su capacidad de
adaptación (del que dependen las relaciones sociales
óptimas que puedan darse).
La relación autoritaria, como hemos dicho, no sólo afecta
al desarrollo de la capacidad de amar de las criaturas,
sino que también menoscaba las demás capacidades incluidas
las intelectuales; limita el desarrollo de todas las
aptitudes psíquicas y físicas, y frena el aprendizaje.
Porque el verdadero aprendizaje es el que se realiza movido
por la curiosidad y el deseo de aprender, que durante toda
la infancia EXISTE Y ESTA A FLOR DE PIEL.
Contrariamente a lo que popularmente se dice (que si mimas
a las criaturas, éstas se malcrían), es la actitud adulta
autoritaria y no complaciente la que impide el desarrollo
de su inteligencia –que la tienen-, de su capacidad de
cuidar de sí mism@s, -que también la tienen-, de su
capacidad de responsabilizarse de las cosas y de tomar
iniciativas –que la tienen también y no hay más que fijarse
en los niños y niñas del llamado Tercer Mundo. En nuestro
mundo las criaturas crecen sintiendo que no son
responsables de nada, que no tienen ni que pensar en las
circunstancias de su vida, puesto que se les inculca que
eso no es competencia de ellas sino que es competencia de
sus mayores, y que lo único que tienen que hacer es
obedecer. La actitud adulta autoritaria fomenta pues la
ignorancia, retrasa el aprendizaje, produce el
‘atontamiento’ y la irresponsabilidad, por mucho que les
demos a cambio un montón de libros y de clases de lectura y
de escritura, lo que en realidad cubre el objetivo de
tenerlas disciplinadas y entretenidas para que no piensen
por sí mismas, ni se les ocurra tener iniciativas propias.
Cuando la criatura crece sin tomar decisiones, ejecutando
las órdenes que recibe, y estudiando lo que se le manda que
tiene que estudiar, sin respeto al proceso de su propia
curiosidad, se destruyen aspectos muy importantes de su
vitalidad: su infinitas ganas de aprender, su capacidad
creadora e inventiva. La curiosidad que mana de las
criaturas como la leche de las madres, y que a nada que se
la deja es un caudal casi infinito, se detiene; la fuente
17
se estanca, se obstruye y aparece el rechazo al
aprendizaje. Porque una cosa es estudiar y otra aprender,
y con mucha frecuencia, lo que se estudia en los colegios
entra por un oído y sale por lo otro porque se ha
memorizado sin interés, sólo porque era lo que tocaba
hacer.
La enseñanza programada presupone que el estudiante tiene
que aprender lo que el programa indica, independientemente
de su curiosidad. Sin embargo el proceso de aprendizaje
natural tiene sus propias secuencias. La curiosidad incita
a la observación, promueve la retención, estimula la
capacidad de memorización, afina la motricidad fina,
desarrolla la gruesa, y unifica todo en un solo haz y en un
mismo afán de conocimiento. En cambio, la enseñanza
programada, ante la ausencia del estimulo de la curiosidad,
tiene que obligar a hacer ejercicios de repetición mecánica
que pongan en juego cada una de las distintas capacidades
por separado: así se hacen ejercicios de psicomotricidad
fina, poniendo a l@s pequeñ@s a pegar gomets o a hacer
palotes; ejercicios de psicomotricidad gruesa con las
distintas tipos de gimnasias; deberes de caligrafía, de
preguntas y respuestas, de memorización, etc., ejercicios
que se asumen por disciplina.
Pues bien, no es lo mismo ejercitar la psicomotricidad fina
haciendo palotes, que ejercitarla porque quiero coserme un
disfraz para una fiesta. No es la misma capacidad
intelectual la que se desarrolla aprendiendo una lección de
memoria que la que se desarrolla leyendo algo que me
interesa. Y además, cuando se realiza algo con el estímulo
del propio interés, por lo general requiere que se pongan
en juego diversos tipos de capacidades al mismo tiempo, y
esto es lo que también hace que cada una de estas
facultades, se templen cuantitativa y cualitativamente más
y mejor que si se ejercitan cada una por separado y por una
disciplina exterior. El deseo y la curiosidad, con el
impulso de la motivación, al unificar en un solo haz los
esfuerzos, produce una interrelación entre la motricidad,
el sistema nervioso y el cerebro que garantiza el
desarrollo armónico y la autorregulación del conjunto y de
cada parte. Las facultades humanas no han sido diseñadas
filogenéticamente para desarrollarse por separado de manera
artificial.
Por otra parte, con la enseñanza programada la capacidad
inventiva y la capacidad de tomar iniciativas poco a poco
se van apagando a fuerza de no tener espacio ni tiempo ni
motivo para ejercitarlas. Antiguamente en los pueblos los
niños y niñas estaban todo el día inventando juegos y
actividades; hoy nuestros niños y niñas, en cuanto tienen
18
un rato sin programación, enseguida se les oye decir ‘me
aburro’ y acto seguido se les engancha a la tele o a la
video-consola. El aburrimiento en la infancia es un
fenómeno moderno, que antiguamente solo se daba en algunos
casos en las clases altas, en las familias de hijos únicos,
que crecían aislados. Y aún así tenían sus horas y sus
días menos acotadas que ahora y por lo tanto más campo de
actividad espontánea que las criaturas de nuestra sociedad
actual.
La disciplina, las obligaciones, las tareas, los límites de
la infancia son hoy mayores que nunca; más sistemáticos y
absolutos. Ser ‘una buena madre’ según lo establecido,
implica literalmente ir apagando y aplastando la vitalidad
de nuestras criaturas, día a día, año tras año.
Otra consecuencia muy importante de la represión de los
deseos en la infancia es el desarrollo de la violencia. El
malestar en la infancia no es gratuito; pasa factura a la
sociedad. La represión por muy sutil que sea, tiene sus
consecuencias. Lo reprimido no se evapora. Como dice
Alice Miller la represión en la infancia es como fabricar
bombas de relojería de efectos retardados. Lo reprimido
saldrá de un modo u otro, y la creciente violencia en el
mundo tanto en los ámbitos públicos como privados no cesará
mientras que no cambie la actitud de la sociedad con la
infancia, como explica esta autora en algunos de sus
libros. (15)
Por otra parte, el respeto a las criaturas y la actitud de
informar y compartir las dificultades y los límites, y de
establecer las prioridades conjuntamente, sirve para no
hacer trampas. Porque entonces te das cuenta de que
efectivamente muchos de los límites que habitualmente se
ponen a las criaturas no están determinados por el mundo y
las relaciones exteriores existentes, sino por la dinámica
adulta; porque el ejercicio del mando sobre l@s hij@s, es
una de las vías más importantes de autoafirmación de
nuestros egos. Toda la vida obedeciendo, ahora aquí soy yo
la que mando. ‘Las cosas se hacen porque sí y porque lo
digo yo’.
Entonces te das cuenta de que hay un determinado margen de
maniobra para complacerles los deseos que normalmente no se
aprovecha. Y que se pueden tomar medidas concretas para
aprovechar dicho margen; porque nadie nos obliga a tener
ceniceros de porcelana, ni mesas puntiagudas, ni aparatos
eléctricos a su alcance, ni sofás de terciopelo, ni paredes
de gotele, etc.etc. sino que tendremos la casa amueblada y
organizada, teniendo en cuenta la existencia de una
criatura que tiene tanto derecho como nosotras a deambular
19
y utilizar la casa, según sus deseos; a utilizar el sofá
como cama elástica, las paredes para pintar, etc.etc.
La experiencia además indica, que cuando se deja el
principio de autoridad y se cambian las órdenes por la
información y la complacencia, los niños y las niñas no
sólo muestran una gran comprensión, complicidad y
generosidad hacia los adultos y adultas que les tratan de
ese modo, sino también una increíble capacidad inventiva
para encontrar las formas de hacer lo que desean.
Generosidad, comprensión, habilidad y complicidad para
aceptar todos los ‘noes’ que les esperan a lo largo de su
socialización en este mundo. Al final, como todas y todos,
se habrán tenido que adaptar a este mundo, porque no hay
otro; pero se habrá salvado algo básico de su integridad:
la producción y el reconocimiento de sus propios deseos, de
su capacidad de amar.
Incluso desde el punto de vista de la economía capitalista,
en el ámbito de lo privado, es más rentable la relación de
tú a tú con l@s hij@s que la autoritaria, porque van a dar
mucho menos ‘trabajo’ y van a contribuir mejor y más a la
economía doméstica.
En esta cuestión de no tener en cuenta los deseos de las
criaturas también influye el que sean improductivos desde
el punto de vista de las leyes del mercado y del trabajo
doméstico. Como no vivimos en un mundo donde los deseos se
sacian, la dinámica de saciar los deseos de los niños y
niñas va contracorriente de todo. Pero aquí también, el
aprovechar los márgenes de maniobra posibles redundará en
nuestro beneficio porque nosotras también dedicaremos más
tiempo a la diversión y a actividades lúdicas. De hecho
hablando de este tema con otras madres, hemos reconocido
cómo la maternidad nos ha traído la recuperación de una
capacidad lúdica y creativa perdida tras unos cuantos años
de vida adulta.
La cuestión estriba, como decíamos, en que no tenemos
ningún otro modelo de relación con las criaturas excepto el
autoritario. No tenemos ni cultura ni hábitos ni modelos ni
imaginación para representar otra forma de relacionarnos
con la infancia. Las experiencias que se conocen
(Summerhill, movimiento de Hamburgo de los años 30 del
siglo pasado (16), Sudbury Valley School(17) ...) son
puntuales y permanecen fuera de los circuitos de
transmisión de la información. En cambio, tenemos hasta la
médula asumida la superioridad adulta con respecto a la
infancia, la noción de que a las criaturas hay que
manejarlas, porque ellas ni saben ni entienden, y la
prepotencia nos sale inconscientemente. Así creemos
20
sinceramente que ser una buena madre, es saber decir ‘no’,
es saber poner límites, enseñarles el camino, etc. etc;
incluso nos dicen que es importante mostrar firmeza y
seguridad en nuestras órdenes, porque así les damos
seguridad a ellos y a ellas... Seguridad en las cotas de
sumisión que van alcanzando y en la reducción de su
vitalidad, pero no en su capacidad de pensar, de decidir y
de hacer. Recuerdo una vez que fui criticada con acervo
por preguntar a unas niñas si querían comer dentro de casa
o fuera en el porche; se consideraba que eso era dar
demasiada libertad y ¡¡¡que creaba inseguridad!!! ¡por
darles la opción de comer fuera o dentro de la casa!!!
Lo peor es que encima se argumentaba con razonamientos
psicológicos.
La sumisión es lo contrario del desarrollo de la propia
vitalidad. Las criaturas no son tontas, ni son una carga
ni dan trabajo; nosotras las hacemos tontas e inútiles, a
fuerza de contener su desarrollo, de negar su impulso
vital.
Yo como madre no puedo hacer míos los límites que esta
sociedad tiene adjudicados a las pequeñas criaturas
humanas, y que son producto de un modelo de sociedad cuyo
objetivo no es el bienestar de sus miembros, sino la
realización de las plusvalías y de los patrimonios. Mi amor
de madre por su naturaleza es incompatible con ninguna
cuota de sufrimiento y de infelicidad de mis hij@s; otra
cosa es que tengan que coexistir (su infelicidad y mi
amor), pero entonces su infelicidad será también mía: Y si
bajo la guardia y dejo de luchar por sus deseos, y hago que
mi ‘amor’ sea compatible con su infelicidad (si yo dejo de
pasarlo mal con la represión de sus deseos), es porque
estoy desnaturalizando mi amor de madre y les estoy
traicionando. En este asunto de los límites, hay una
implicación emocional de primer orden, como he tratado de
explicar, pues si hago míos los límites, si presento a mis
hijos y a mis hijas los límites asumidos por mí, como si
fueran cosa mía, les estoy diciendo, aunque yo no me de
cuenta, que no quiero su felicidad y en definitiva que no
les quiero a ell@s. Y es posible que yo no me de cuenta,
pero seguro que ellos y ellas sí lo van a sentir como una
desafección.
Así pues, llegamos a lo de siempre: la maternidad
consecuente es un permanente cuestionamiento del orden
social existente. La maternidad consecuente sería crear el
Paraíso para l@s hij@s, y si no podemos ofrecérselo,
entonces tenemos que hacérselo saber, que nuestro deseo y
nuestro amor de madre es ese; que esa es exactamente la
cualidad del amor de madre; pero que como no hay Paraíso,
21
pues vamos a ver lo que podemos hacer para pasarlo lo mejor
posible.
Sólo lo que representa sacar de la cama a las 7 ó a las 8
de la mañana a pequeñas criaturas de dos o tres años,
incluso a veces de menor edad, interrumpiéndoles el sueño
para que vayan a las guarderías o a los jardines de
preescolar, es un quebrantamiento de su salud y de su
bienestar que una madre no podría considerar nunca que es
un bien para su criatura; en todo caso, una madre que tenga
que ir a trabajar para dar de comer a sus hij@s, puede
justificarlo como un mal menor; y sentir ese mal en ella
misma, en sus entrañas; y esto se notará en la actitud, en
la empatía, en la explicación, en el consuelo, en la
comprensión de la distorsión que eso representa para su
criatura, y el fluído emocional de la madre le llegará a
ésta, y le llegará incluso aunque no tenga todavía el
lenguaje verbal adquirido. En cambio, si la madre
considera que es ‘normal’, que la criatura tiene que tragar
(porque todas hemos tragado, porque las cosas son así y
tiene que adaptarse como sea, etc.) entonces es cuando
estamos haciendo de cancerberas de un orden social
patológico, estamos haciendo de madres patriarcales,
socializando a nuestras criaturas por la vía de la
represión y del sufrimiento.
Así pues, este es el abismo que hay entre ‘el informar de’
los límites y ‘el poner’ los límites; el abismo entre la
madre amante verdadera, y la madre patriarcal que
representa el orden y el Poder.
Nada es blanco o negro. A veces nos reconoceremos de un
lado, y a veces del otro. Pero creo que con un poco de
reflexión sobre lo que nos jugamos, haremos esfuerzos para
estar más de un lado que del otro.
LO QUE LA ACTITUD AUTORITARIA
PRODUCE
* Bloqueos en la relación
sentimental @adres-hij@s.
* Freno al desarrollo de la
capacidad de amar y
de la sexualidad.
* Vampirización de la energía
vital del niño y creación de
una psique sumisa.
* Obstaculización del proceso
natural de aprendizaje y
retraso del desarrollo de
habilidades cognitivas y
motrices.
* Stress y relaciones
patológicas; violencia.
* Adaptación a las relaciones
competitivas y fratricidas
22
LO QUE LA COMPLACENCIA
PRODUCE
* Relaciones sanas y fluídas
entre @adres e hij@s.
* Entorno adecuado para la
expansión de la capacidad de
amar y de la sexualidad.
* Potenciación de la vitalidad,
creatividad, responsabilidad,
y capacidad de iniciativa de
los niños.
* Activación natural de los
mecanismos genéticos de
aprendizaje.
* Autorregulación y salud; carácter
apacible.
* Adaptación a las relaciones
fraternales y de apoyo mutuo
NOTAS
(1) Dolto, Françoise, La cause des enfants, Ed. Robert
Laffont, Col. Le Livre de Poche, Paris 1985
(2) Liedloff, Jean, En busca del bienestar perdido. Ed
Obstare 2003
(3) Aristóteles, Política, citando por Amparo Moreno
Sarda en La otra política de Aristóteles, Icaria
1988
(4) ALER, Isabel Una visión sociológica de la
transformación de la maternidad en España 1975-2005
Universidad de Sevilla
(5) Chamberlain, D. La mente del bebé recién nacido
Ed. Obstare
(6) ‘Amaryi’, en sumerio literalmente ‘retorno a la
madre’; señala Murray Bookchin que curiosamente
‘amaryi’ es la primera palabra en la historia, que
designa la ‘libertad’, concepto inexistente en un
mundo donde no había represión y que –lógicamentesurge
cuando la libertad desaparece, con el
advenimiento del patriarcado; por eso la
identificación de ‘libertad’ con ‘retorno a la
madre’.
(7) Olza, Ibone Revista Mujer y Salud, De la
controversia sobre los antidepresivos en niños y
adolescentes al debate sobre la infelicidad
infantil.
(8) La obra de Alice Miller traducida al castellano, que
yo sepa es: cuatro libros editados por Tusquets: El
drama del niño dotado, Por tu propio bien, El saber
proscrito, y La llave perdida. Y Ediciones B
(Barcelona 2000) ha publicado Las raíces del
odio.Entre la obra sin traducción al castellano, son
importantes L’enfant sous terreur (Aubier 1986 y
Abattre le mur du silence (Aubier, 1991).
(9) Odent, Michel El bebé es un mamífero Ed.Mandala
(10)Prescott, J.W. Body pleasure and the origins of
violence, ‘Bulletin of the Atomic Scientist’, 1975
(11)Bachofen, J.J. El derecho materno, Anthropos.
Marija Gimbutas, Dioses y diosas en la antigua
Europa Editorial Istmo, etc.
23
(12)Moreno, Amparo. Carta a la Asociación
Antipatriarcal. Boletín nº 4, Madrid 1989
(13)A.S. Neil Summerhill. Fondo de Cultura Económica
Buenos Aires, 1963. Hace diez años se publicó Nuevo
Summerhill (Paidos), edición preparada por Albert
Lamb, que incluye las referencias a Wilhem Reich que
en su día debieron autocensurarse para hacer posible
su publicación.
(14) Camus, Albert L’envers et l’endroit Ed. Gallimard,
col. Folio, 1958.
(15) Es significativo el subtítulo de Por tu propio bien:
“Raíces de la violencia en la educación del niño”.
(16) Schmid, J.R. El maestro-compañero y la pedagogía
libertaria, Ed. Fontanella, 1973
(17) Greenberg, Daniel ¡Por fín libres! Ed. Marien Fuentes
y Javier Herero (96 647 20 06), Pedreguer 2004

LA SERPIENTE Y LA MEDICINA


MATRICIDIO Y ESTADO TERAPÉUTICO (LA SERPIENTE Y LA MEDICINA)Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro
Este artículo se escribió para el nº 25 de la Revista Archipiélago, En la salud y en la enfermedad... Otoño 1996.
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La serpiente
La serpiente es un reptil que aparece representado con frecuencia en la Antigüedad. En el Génesis (que coincide con la fecha en la que algun*s historiador*s y arqueólog*s datan la generalización de la revolución patriarcal, es decir, aproximadamente, en el 2500 a.j.) la serpiente es el símbolo del mal, del demonio que induce a Eva al pecado y a desobedecer a Yavé, el Señor que representa el bien. Yavé, que había decidido dar una compañera a Adán (¿antes no tenía?), en la misma escena condena a Eva -y con ella, a todas las mujeres- por dejarse seducir por la serpiente a parir con dolor y a vivir bajo el dominio del hombre. Luego enviará a un arcángel con alas y espada para matar a la serpiente: la muerte de la serpiente es el triunfo de Yavé. 2500 años después vuelve a aparecer la serpiente, con la Virgen María, la madre pura que aplasta su cabeza, pues, al parecer, no se la había matado del todo y se hacía necesaria una redención de nuestros pecados, junto con la consagración de la mujer como esclava del Señor y su renuncia a la serpiente.
¿Qué más sabemos de la serpiente? Las guías del Museo Arqueológico Nacional de Atenas dicen a l*s turistas que la serpiente era el símbolo de la sexualidad de la mujer en la Grecia antigua. Marija Gimbutas (1), en su obra basada en el estudio de miles de figuras de mujer recogidas en la llamada Antigua Europa y datadas del 6500 al 3500 a.j., y ya en general, todos los estudios de la Antigüedad coinciden en señalar que la serpiente era la representación de la voluptuosidad, de la vida y de la fertilidad impulsada por la líbido y los deseos de la mujer. En las ruinas del palacio de Cnossos en Creta, que por ser una isla debió de ser uno de los últimos bastiones de la Antigua Europa que resistió a la revolución patriarcal, aparecieron dos figuras de mujer del 1600 a.j., vestidas con elegantes trajes largos y con escotes que dejan los pechos al aire: una lleva serpientes dibujadas en el vientre y enroscadas en los brazos; la otra, blande en sus manos alzadas sendas serpientes: ¡no nos las quitaréis! ¡No pasaréis! parece querer decir. Y sin embargo, pasaron. Los arqueólogos las han llamado 'diosas de las serpientes', pero podían ser simplemente la representación de dos mujeres de la época. Con el triunfo de la revolución patriarcal y la desposesión de la serpiente de la mujer, aparece el nuevo orden simbólico que ya deja ver por donde van a ir los tiros: el Olimpo se llena de dioses, y entre ellos, Esculapio, dios de la Medicina, que se ha apoderado de la serpiente y que hoy, cual trofeo de guerra, todavía se exhibe en las bolsas de nuestras farmacias (2).
El control de la capacidad reproductora de la mujer implicó la desposesión de sus deseos y la eliminación de su líbido para hacer funcionar la fisiología de su cuerpo, esclavizado y robotizado, según los fines específicos del nuevo orden patriarcal: reproducir esclavos resignados y guerreros insensibles al sufrimiento humano, así como esclavas resignadas y futuras nuevas madres insensibles al sufrimiento de su prole; en lugar de la vida exuberante y pacífica que llegó a existir en los palacios de la sociedades matricéntricas del Neolítico. Hacer que la mujer realice las funciones sexuales sin deseo de forma sistemática, violando sistemáticamente su cuerpo, es la dimensión libidinal del matricidio que da origen a la sociedad patriarcal. El placer que acompaña a las funciones sexuales y que sustentaba las relaciones de apoyo mutuo como garantía de la conservación de la vida, es decir, el impulso o principio del placer que ha conservado la vida, se corta y entonces las funciones sexuales se realizan con dolor, con un tremendo dolor, para hacer funcionar el orden patriarcal de realización y conquista de patrimonios. El cuerpo rígido de la mujer, despiezado y desposeído de la serpiente que le animaba, queda en manos de la Medicina, la ciencia que se ocupa de los cuerpos devastados que han sido privados de su capacidad de auto-regulación. Del hysteron (útero) a la histeria (enfermedad tradicional de las mujeres sometidas al orden patriarcal). De las orgías eleusíacas con hongos y cornezuelo de centeno (3), a la oxitocina inyectada en vena sobre las mesas hospitalarias: el mismo órgano, la misma química, pero desprovistos de su esencia vital, del deseo de la mujer, de la serpiente.
El nacimiento
La vida humana se ha medicalizado de tal modo que incluso ya antes de nacer, nuestra primera identidad será la de "pacientes". Aunque todavía de nada nos tengamos que curar ya desde el útero deberemos someternos a todo tipo de pruebas que más que con nuestro bienestar tienen que ver con los intereses de la industria médica y farmacéutica. Que nadie piense que los señores que inventaron una máquina que reproduce los latidos de nuestro corazón en una pantalla lo hicieron pensando en nuestra salud; lo hicieron pensando en vender, que es en lo que más se piensa en los últimos tiempos. Se sigue investigando en técnica que descubra nuestro sexo lo antes posible, a pesar de las consecuencias nefastas que ello acarrea. Vender y controlar es el objetivo último por mucho que lo disfracen con otros fines inmediatos.
Las multinacionales de la industria médica y farmacéutica es, quizás, uno de los tinglados más peligrosos por su incidencia en los primeros momentos de la vida humana: no solo porque nuestra indefensión es absoluta y nada podemos hacer para evitarlo, sino por la trascendencia que en esos momentos todo tendrá para el resto de nuestra vida. De adultos podemos llegar a conocer lo pernicioso de muchas de las cosas que se hacen en nombre de la salud y ponerse a salvo, pero desde el útero lo único que una criatura debe poder hacer es patalear en las aguas maternas. Pero lo peor de la invasión médica en los primeros estadios de nuestra vida ha sido desde luego su colaboración en el cumplimiento de la maldición divina de parir con dolor y nacer sufriendo. La industria médica, arma que el Poder financia y utiliza sin escrúpulos ni reparos en los costos en sufrimiento, ha sido especialmente cruel en la usurpación que ha hecho de uno de los momentos más impresionantes y delicados de nuestra vida: el nacimiento.
Porque los partos pueden ser cosas diferentes según si la serpiente habita el cuerpo de la mujer, en qué medida lo habita, y en qué grado está manipulado por la Medicina. Si se produce el deseo de la mujer, entonces el parto es una gran excitación sexual, una inundación de flujos inducidos por esa excitación, una dilatación y una apertura del útero y de todo el canal de nacimiento producidas por las oleadas orgásmicas, y una voluptuosa y mutua caricia. No hay dolor alguno, todo es placer y gozo por la vida renovada. Entre dos partos puede haber la misma diferencia que la que puede haber entre un buen polvo y una violación desgarradora.
Masters y Johnsons (4) dicen que las contracciones uterinas son un elemento esencial de todo orgasmo femenino; Merelo-Barberá, Serrano Vicens, y el Dr.Schebat del Hospital Universitario de París (5) han demostrado la alta tasa de partos orgásmicos incluso en la mujer rígida actual. Existe literatura que recoge relatos de viajeros que han encontrado sociedades en las que las mujeres paren sin dolor (6). El mismo libro del Génesis nos tenía que haber hecho sospechar algo. Y sin embargo, nos creemos que la maldición divina -el orden patriarcal- es la condición humana.
Según Merelo-Barberá, la mujer se socializa en una ruptura de la unidad psicosomática entre la conciencia y el útero, y tenemos perdida la sensibilidad uterina. Esto se ha logrado primero con infames vituperios hacia nuestro sexo (llamándolo impureza, animal errante, mónstruo, etc.) y luego silenciándolo, dejando -como reconocía Groddeck (7)- la voluptuosidad femenina sin nombre. De este modo, el útero que es un órgano erógeno (cuya sensibilidad cualquier mujer puede recuperar practicando la visualización y la concentración en el mismo), una caja de resonancia del placer, que lo expande de los pechos al recto y hasta las puntas de los pies, se queda rígido y tenso. Y al faltar el deseo provocador y motriz del parto, que pondría en marcha toda la potencia de nuestro sistema hormonal y la elasticidad de los músculos uterinos, la mujer necesita ayuda exterior -la Medicina- para que la desgarren y le saquen a empujones, con forceps o cesáreas, a la criatura. Cuando el deseo se ha convertido en miedo, en pánico y en obligación, entonces las contracciones funcionales son dolorosas pues el miedo -y la ignorancia- hace que nos contraigamos en lugar de relajarnos; retener en lugar de abrirnos. Nuestros músculos de mujer pura occidental están rígidos, acorazados, se resisten a las contracciones en lugar de provocarlas y de impulsarlas. El miedo nos deja tiesas y secas, en lugar de húmedas, blandas y dúctiles, como la serpiente, como la vida misma que surgió del agua.
La institución médica no sólo actúa en concreto en cada parto, en cada cuerpo de mujer, manipulando su aparato reproductor como los fontaneros el sistema de tuberías de una casa -comparación que ya viene siendo un dicho popular-; sino que su existencia y sus dictados sirven ante todo para que a nadie se le ocurra que las cosas pudieran ser de otro modo, y que ese otro modo es absolutamente diferente y benefactor. Del mismo modo que el Matrimonio sirve ante todo para que a nadie se le ocurra que el amor pudiera ser otra cosa.
Al negarse el deseo en el acto sexual del parto, no se plantea que este requiere un respeto a la intimidad para que la mujer pueda abandonarse a sus sensaciones y a sus emociones. La intimidad de la mujer es violada sin el menor recato; y con esta violación, incluso en el supuesto que hubiera buena voluntad por parte del personal sanitario, el deseo se inhibe y se impide cualquier posible irrupción del mismo que pudiera tener lugar, a pesar de la educación de la madre. Michel Odent (8), según la experiencia de varios años en el centro de Pithiviers (Francia) dedicado al parto sin violencia, afirma que cuanto más se le permite a la mujer estar a su aire y sola, más fácil resulta el parto. La violación de la intimidad trae consigo también la imposición de una postura absolutamente inadecuada; postura que la mujer abandonada a su impulso jamás adoptaría; pues el decúbito supino no tiene otro fin que el permitir las manipulaciones de los obstetras, y alarga y estrecha el canal de nacimiento. Si a esto le sumamos anestesias, focos, goteos en vena, órdenes y todo tipo de técnicas agresivas, la separación inmediata del cuerpo materno nada más salir al exterior y el trato deshumanizado a la criatura recién llegada, tenemos que lo que podría ser nuestra primera sonrisa en el mundo se convierte en un llanto largo y desesperado. El miedo y la técnica son dueños del paritorio y la madre exuberante se ha convertido en un campo yermo y en un ser destrozado por el dolor. El acto sexual de dos seres fundidos se ha cambiado por una rutinaria intervención quirúrgica. El grado de insensibilidad necesario para permanecer impermeable a todo este estallido de sufrimiento ha de ser por fuerza muy alto; porque la comisión de atrocidades debe implicar, además de la creencia en que se está haciendo algo útil, la propia muerte emocional para poder realizarlas.
Afortunadamente, profesionales como Leboyer (9), Odent o Stettbacher (10) entre otros, que han visto la angustia de la proximidad de la muerte en el rostro del recién nacido, y han escuchado su grito; que se han conmovido y se han cuestionado su inevitabilidad, han demostrado durante los años de trabajo dedicados a la recuperación de los nacimientos gozosos, que nacer puede ser un acto placentero y no una lesión a la integridad primaria del ser humano. Los partos sin dolor en tribus y culturas a los que la tecnología médica no ha llegado todavía y en las que, probablemente, la devastación de los cuerpos y la escisión entre cuerpo y alma no ha alcanzado cotas de ruptura total, corroboran lo que vió Bartolomé de las Casas hace 500 años en el Caribe, y son también testimonio de lo que aquí exponemos. Otro tanto podría deducirse de las bajas tasas de mortalidad perinatal y cesáreas en países en los que, como Holanda, Suecia o Noruega, el 4O % de los partos tienen lugar en casa con la asistencia de comadronas, en comparación con las de los países en los que, como en España, se ha generalizado el parto hospitalario. En Holanda nacen por césarea 6 de cada 100 bebés, mientras que en España estamos ya cerca de 30 de cada 100. Marsden Wagner, ex-presidente de la Organización Mundial de la Salud (11), hace años que viene haciendo una serie de recomendaciones para cambiar los métodos de asistencia al parto sin que la industria médica española haya hecho el menor caso. Afirma que la anestesia epidural y el uso del monitor han duplicado el riesgo de cesáreas y que la desaparición de las matronas en España ha sido catastrófica.
La crianza
Pero la interesada y malintencionada intervención de la Medicina no se detiene en el parto. También la crianza de la criatura humana está salpicada por el empleo de prácticas y métodos cuyas consecuencias a veces son irreparables. La organización de los "nidos" a los que se lleva a cada bebé en cuanto nace para su inspección médica, rompe la comunicación primaria y necesaria con la madre, impide el 'imprinting' (12), la regulación hormonal que debiera empezar a desatarse, y desgarra de la forma más absurda y dolorosa el deseo mutuo de dos seres humanos.
Recientemente, en un artículo publicado en el New York Times (13), Sandra Blakesler recogía las conclusiones de diversos estudios realizados en centros de EEUU sobre la conformación del sistema neurológico de los bebés: después de reconocer que el ADN humano no contiene suficiente información para especificar la estructura final de las conexiones cerebrales, y de confirmar que las dendritas o ramificaciones de las neuronas y las conexiones se multiplican desde el momento de nacer hasta los dos años, explica el hallazgo de numerosos 'moduladores ocultos' en la relación madre-bebé, que regulan la producción de sustancias químicas que a su vez regulan el crecimiento del cerebro, la formación de sinapsis neuronales, la formación del sistema inmune, hormonal, etc. En definitiva, que las emociones en la etapa primal de nuestra vida, y en concreto el contacto físico madre-bebé, moldean el cerebro, el carácter y la capacidad del habla.
¿Qué ha pasado con esta relación madre-bebé en nuestra sociedad occidental?
A la criatura se le ofrecen pezones de plástico y leches artificiales; duerme en cunas separado de la madre, se la transporta en cochecitos, se la ata a sillas especiales para ir en automóvil, se la deja en parques con barrotes, se la baña en su bañera para ella solo, etc. etc. Es decir, todo está diseñado para que ni exista ni se contemple la posibilidad del contacto físico. Las distintas especialidades médicas dictan las normas que cada mujer debe creer y obedecer (y que, al hacerlo, impiden que irrumpa en ella el deseo de hacer las cosas de otro modo), para identificarse con el arquetipo de madre ideal fabricado por teólogos y profetas y por la publicidad de las multinacionales: la que cumple los horarios, la que hierve bien los biberones, la que usa biberones Chicco, leches y papillas Nestlé (14), cochecitos Jané, chupetes anatómicos para no deformar la mandíbula, etc. etc.
El Scientific American de diciembre de 1995 recoge las conclusiones de las investigaciones del Dr. J. Newman (15) sobre las cualidades de la leche materna. No se trata solo de que esta leche es más nutritiva y está mejor adaptada al proceso digestivo de la criatura, sino que es la única que asegura la continuidad del proceso de formación de su sistema inmunológico específico. Hay razones de peso para pensar que las crecientes y modernas enfermedades alérgicas de nuestra progresada sociedad (que no son sino estados deficitarios del sistema inmune) tienen que ver con el creciente y moderno progreso en los métodos de crianza robotizada.
Las normas sobre frecuencia o cantidad en las tetadas son un indicio de hasta que punto la mujer ha perdido conciencia de sus pulsiones sexuales. Allí donde se recomienda la lactancia materna durante tres meses, se ordena el cómo, cuánto y cuándo, generalizando errores que han estado a punto de dar al traste con esta práctica. Pues la leche materna no puede producirse de modo voluntarioso para el cumplimiento de una normativa, sino por el impulso del deseo de la mujer y la libre demanda de la criatura; por eso, la regulación pediátrica de las tetadas conduce a que la madre deje de producir leche y tenga que pasar a la criatura al biberón incluso antes de los tres meses "porque el bebé se queda con hambre". Hoy, cuando ya se ha demostrado que la leche es de mayor calidad proteínica cuanto más frecuente y larga sea la tetada, en algunos lugares se está empezando a aconsejar el dar de mamar con frecuencia, sin la esclavitud de los horarios; las mujeres acatan estas instrucciones con la misma sumisión con la que antes acataban los intervalos de las tres o cuatro horas malditas. Pero muchas veces no es porque la mujer ha recuperado su sentido común sino porque es lo que algunos pediatras ordenan ahora.
Según se han ido robotizando las funciones sexuales de la mujer, se han ido creando especialidades médicas para abordar los diferentes aspectos de la quiebra de la auto-regulación de la propia vida. Las madres siguen consultando en libros y a especialistas lo que ya está escrito en su corazón, en su cerebro y en sus entrañas; desde cómo se coge a un* bebé en brazos hasta cuánto "afecto" es conveniente suministrarle. Se sigue abandonando la lactancia a los tres meses para ir a trabajar aunque sí haya otro remedio. Se sigue creyendo aquello de que "es normal que los niñ*s lloren", que deben dormir en su cunita y aprender pronto a estar solos, aunque su llanto nos indique bien claro lo contrario. Dicen que si duermen con las madres les entran deseos incestuosos de realizar el coito con ella (!!) y se psicotizan; l*s bebés tienen que endurecerse emocionalmente a nuestra imagen y semejanza. Dicen que no hay socialización posible en la saciedad de los deseos. Dicen que la única socialización posible es la de la represión y la de las lágrimas. Que "a los niños no hay que cogerles en brazos", que "saben mucho" y son "muy pillines" y que no se les puede malacostumbrar a lo bueno. La herida sigue así ahondándose hasta los mismos cimientos humanos para convertirse en la Falta Básica, nombre que Michael Balint (16) dio a esa sensación de carencia sin nombre, que constató en todas y cada una de las muchas personas que se acercaron a su consulta durante 5O años de trabajo psicoanalítico.
Como las consecuencias de la represión libidinal son siempre psicosomáticas, y para las dudas que siempre pueden quedar, ahí está la psicología con sus cuentos increíbles para que nadie se de cuenta del verdadero sentido del malestar de las criaturas (ni de las depresiones post-parto de la madre). Los efectos psicológicos de la quiebra del acoplamiento y de la auto-regulación de la vida humana por la represión social, se explican como cualidades innatas; y de esta manera se oculta la condición humana primera, la armonía y el bienestar de ese acoplamiento de los flujos producidos por el deseo (17). Así dicen que nacemos con un Complejo de Edipo, eróticamente narcisistas y egocéntricos (por eso nos cambian las tetas de verdad por las de plástico), que tenemos un Tánatos innato, que algunas también nacemos castradas (el útero no es un organo sexual y erógeno), etc. etc.. Las consecuencias psíquicas que la Falta Básica (el matricidio) acarrea quedan enterradas o justificadas. Un poco de esto y otro poco de píldoras para el dolor y la ansiedad que la resignación nos cause. Y más ventas para las multinacionales farmacéuticas, y más clientes y más justificación -más campo de intervención- para los Colegios de Psicólogos. Ya no tenemos por qué preocuparnos. Nos despiezan pero tenemos médicos del cuerpo y médicos del alma, y así funcionan nuestros cuerpos despiezados para mayor gloria y beneficio de las multinacionales, de las jerarquías y, en fin, para el debido cumplimiento del la Ley del Padre. Hasta que vuelva la serpiente (que sigue estando ahí, porque nadie la podrá nunca matar del todo); hasta que volvamos a dejarnos seducir por ella.
NOTAS
(1) Gimbutas, Marija The Goddesses and Gods of Old Europe University of California Press, 1992. 10 edición 1974.
(2) En una reciente conversación con Juan Merelo-Barberá (ver nota (5)), este afirmaba que Esculapio representa la transición entre la vida y la enfermedad, pues todavía se preocupaba de cuidar de la vida; de hecho, de las recomendaciones que hiciera a su hija Higea, procede el concepto de 'higienismo'. Será Hipócrates quien transforme el concepto de 'medicina' como cuidado y conservación de la vida, al de curación de las enfermedades.
(3) En: Hofmann, Albert LSD, cómo descubrí el ácido y qué pasó después en el mundo (Gedisa, Barcelona 1991. 10 edición alemana 1979) se recoje que la primera noción que se tiene de una aplicación medicinal del cornezuelo es como ocitócico (dilatador del útero), y a comienzos de la década de los treinta de nuestro siglo "se lograron aislar y caracterizar el componente fundamental común a todos los alcaloides del cornezuelo. Lo llamaron 'ácido lisérgico'. Más tarde marcó un progreso importante, en sentido tanto químico como médico, el aislamiento del principio hemostático del cornezuelo que actúa específicamente sobre el útero... se trataba de un alcaloide con una estructura relativamente simple, al que Stoll y Burackhardt denominaron ergobasina. En la desintegración química de la ergobasina, Jacobs y Craig obtuvieron como productos de desdoblamiento ácido lisérgico y el aminoalcohol propanoalamina".
Por otra parte, en el libro de Victoria Sendón de León, Más allá de Itaca (Icaria, Barcelona 1988) se recogen los relatos de diversos autores griegos que mencionan el uso de ciertos hongos en las orgías eleusíacas y dionisíacas; así como la transmisión de su uso a través de las brujas.
(4) Masters, W. y Johnson, V. Human Sexual Response. Intermédica, México 1978. 10 publicación inglesa, 1966.
(5) Recogido en: Merelo-Barberá, J. Parirás con placer. Kairós, Barcelona 1980.
(6) Ver, por ejemplo, los comentarios al respecto de Bartolomé de las Casas en su Historia de las Indias. (Fondo de Cultura Económica, México 1986. 10 publicación: Zaragoza, 1552)
(7) Groddeck,G. El libro del 'ello'. Taurus, Madrid 1981. 10 publicación: 1923.
(8) Odent, M. El bebé es un mamífero. Mandala, Madrid, 1990.
(9) Leboyer, F. Por un nacimiento sin violencia. Daimon, México-Barcelona 1978. 10 publicación francesa: 1978.
(10) Stettbacher, K. Pour quoi la souffrance? Aubier, Paris 1991.
(11) Ver sus declaraciones recogidas en El Diario Vasco 28.8.94.
(12) El 'imprinting' es un concepto que dice de la impresión o grabación psicosomática e impregnación emocional que se produce cuando la madre acoge en la parte exterior de su cuerpo a la criatura en el momento de salir al exterior. Esta noción se ha perdido en la civilización patriarcal, sin embargo es conocido que en animales mamíferos domésticos (y no domésticos) si se le quita un cachorro a la madre nada más nacer, después la madre le 'aborrece' y no le deja acercarse a ella. La civilización patriarcal ha creado un tipo de maternidad que consiste en hacer que la madre 'aborrezca' psicosomáticamente a la criatura (cortar las pulsiones instintuales y libidinales) para luego hacérsela aceptar según la Ley como el subproducto sentimental de la sublimación edípica.
(13) Reproducido en El País, 15.11.95
(14) En Inglaterra hay en marcha una campaña de boicot a los productos Nestlé por su estrategia de acabar con la lactancia materna en los países del tercer mundo. Nestlé regala leche en polvo a las madres que dan a luz; las madres caen en la trampa, pensando que es algo 'avanzado' y mejor que viene de Occidente; y si caen en la trampa los primeros días ya es suficiente porque luego aunque quieran volver atrás ya se les ha cortado la producción de leche; Y Nestlé tiene asegurada la compra diaria de la leche que esas criaturas necesitan. Con esto están empeorando las condiciones sanitarias de los bebés que no reciben las defensas de las madres, pero, sobre todo, están llevando las técnicas de la "educación" física occidental a estos países. Para contactar con esta campaña: Tienda de la solidaridad c/ Zaragoza, 6 11003 Cadiz. Baby Milk Action 23 Sant Andrew's Street, Cambridge, CB2 3AX Inglaterra. Otros artículos Nestlé son: Nescafé, Nesquik, Eko, Chamburcy, La Lechera, After Eight, Bonka, Perrier, Libby's, Camy, Kit Kat, Lion, Golden Grahams, Cheerios, Milkybar, Findus, Maggi, Friskis y L'Oreal.
(15) Scientific American "How breast milk protects newborns". Vol 273, N16, Dec. 95'. New York. pags. 76-79.
(16) Balint, M. La Falta Básica. Paidós, Barcelona 1993. 10 publicación: Londres y Nueva York 1979.
(17) Deleuze, G. y Guattari, F. L'anti-aedipe, capitalisme e sqhizophrénie Minuit, Paris 1972.